Una graduación inolvidable en el Centro de Convenciones de Mazatlán

Visiblemente emocionada, Vannesa caminó de nuevo frente a las autoridades que presidían su graduación. Apenas acababa de bajar, después de haber recibido su reconocimiento por haber obtenido uno de los más altos promedios de su generación, y se fundió en un abrazo con sus compañeras, que la llenaron de elogios y felicitaciones. Ahora subía otra vez, para hablar en nombre de su generación. Como buscando un apoyo, levantó sus ojos al cielo, después los dirigió al piso, y enseguida al mar de togas y birretes y caras emocionadas que tenía al frente. Todavía le temblaba la voz cuando inició su discurso.

 

Una hora antes, media hora después de lo esperado, había dado comienzo la lujosa ceremonia de graduación de las tres licenciaturas de UPES Mazatlán. El salón del Centro de Convenciones estaba saturado. Apenas había unas cuantas sillas vacías allá atrás. Al frente estaban los alumnos con más altos promedios, los que se titulaban con el grado de excelencia académica, y en las siguientes filas, un poco atrás, el resto de la generación. Atrás de ellos los centenares de padres y familiares emocionados, algunos de los cuales derramarían algunas lágrimas por la felicidad que les embargaba. A los lados una fila de invitados especiales y docentes, compartiendo  estos momentos de alegría indescriptible.

 

La voz grave y solemne del maestro de ceremonias, el profr. Joel Álvarez, anunciaba cada uno de los acontecimientos, acompañado con el suave tono y los matices dulces de la voz de Marijose, como le llaman cariñosamente sus compañeras estudiantes, que desempeñaba a la perfección la contraparte femenina como maestra de ceremonias.

 

Y la magia se hizo. La borla del birrete cambió del lado izquierdo al derecho, simbolizando el paso del estudiante al profesionista. Y el rostro de cada graduado se llenó de una intensa satisfacción coronada con una de las más amplias sonrisas en la vida de estos jóvenes, que veían el fruto de cuatro años de estudio y trabajo, nada fáciles, frente a un grupo de exigentes maestros y autoridades. Nada les fue dado de manera gratuita. Cada quién se ganó, con horas de desvelo y duras jornadas, la calificación que al final se estampó en las boletas de registro.

Como prueba de que nada fue fácil, al final hubo quienes no llegaron a esta graduación, pues no consiguieron remontar las difíciles pruebas que se les plantearon, no lograron satisfacer las exigencias del estudio y las prácticas, y se quedaron en el camino, para volver a cruzar un año más. Fueron los menos. Porque la inmensa mayoría estuvo aquí, en esta fiesta de graduación que cumplió cabalmente con su cometido.

 

En la mitad de la ceremonia, la voz de un joven cantante, Vins Blue, hizo la maravilla de redondear la noche y llevarlos al clímax de la fiesta. Sueeña…!  Les decía, y no faltó quien entornara los ojos y, efectivamente, soñara con todo lo que significaba esa graduación en sus vidas. Y más adelante, esa misma voz los invitaba: “Vive tu vida intensamente, ¡luchando lo conseguirás…."

 

Esa tarde-noche fue mágica. Y la Universidad Pedagógica cumplió con su cometido, doblemente. Lo dijo la joven Vanessa del Carmen, a nombre de su generación, cuando describió el nuevo clima de libertades y mejor ambiente para estudiar que imperan en la institución con la  administración del Dr. Miguel Ángel Rosales Medrano, aun cuando los frutos los recibirían las nuevas generaciones se manifestó complacida. La sonrisa de todos los graduados, las felicitaciones que se cruzaron los integrantes de la organización del evento, al final del mismo, las cantidades de fotos que se tomaron entre todos, las autoridades, los maestros, los invitados especiales, los orgullosos padres de familia, son la prueba fehaciente de que esta noche se vivió una etapa especial: Fue una de las graduaciones más emotivas de los últimos tiempos en la Universidad Pedagógica, y se recordará por varios años.